El plagio en Guatemala, honestamente

El plagio en Guatemala, honestamente
Marco Fonseca

Esto del plagio ocurre a diario en Guatemala y no solo en el caso de Baldizón. En las universidades el negocio de la compra y venta de ensayos, tesis o prouestas es, hoy, un negocio en pleno apogeo. En un país donde los estándares y controles académicos sobre la producción del conocimiento son casi inexistentes, en donde la gente misma que supervisa trabajos académicos o la que los publica, incurre casi a diario en el fraude intelectual, esto es una cultura bien enraizada. Y existen erramientas simples que podrían emplearse de modo institucional, regular y cotidiano no solo en centros académicos universitarios sino incluso en colegios, centros de investigación, etc. En mis clases, por ejemplo, se utiliza una el servicio de chequeo de textos de Turnitin que detecta cualquier nivel de plagiarismo que dependa de fuentes que ahora existen en bancos de datos en línea. No se trata de una erramienta para imponer la ley sino de una erramienta pedagógica y de desarrollo académico. Si esto se usara en las tesis doctorales de la San Carlos, por ejemplo, jamás abrían aceptado la tesis de Baldizón y de quién sabe cuanta otra gente.

Pero el plagio no solo aflige el mundo adémico en Guatemala. También aflige y de modo mas descarado y como si fuera una plaga el trabajo de comentaristas y analistas que se mantienen arrastrando la Internet en busca de ideas que puedan presentar como propias. Mucha de esta gente cree en el derecho del mas buso, del que tiene la boca mas grande, del que tiene plataformas mas grandes para expresar ideas pirateadas sin darle crédito a nadie y como si fueran el producto de un trabajo bien hecho y concienzudo. Nunca, nunca se les ocurre atribuir ideas, ni siquiera decir <<como dice tal o cual>>, <<como se encuentra en tal o cual trabajo>>. Hay mucha auto-referencia como si ellos/as mismos/as fueran el origen de todo conocimiento. Sienten como si reconocer el trabajo de otra gente les va a disminuir la importancia (si es que tiene alguna) del trabajo propio. Y no se dan cuanta que esa es, de hecho, la naturaleza del conocimiento y del crecimiento <<epistemológico>.

Si el plagio está presente como una plaga en la academia, en el periodismo y en el mundo de los analistas, algo peor es el caso de las redes sociales. Comparte un idea en fb y, mañana, la encuentras repetida por otra gente sin dar el más mínimo reconocimiento al autor/a original. Es, pues, como si la esfera pública de opinión de la Guatemala real o virtual estuviera construida sobre la base del plagio y del fraude intelectual.

Aunque no apoyo la filosofía de los <<derechos de autor>> como se define en los tratados de libre comercio, sí creo en el derecho al reconocimiento debido como se contempla en las licencias del Creative Commons. Es una desgracia total que esta cultura de robo y fraude intelectual sea tan común en nuestro medio.

Vamos patria hacia la #RefundaciónYa

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