Las elecciones que la izquierda quiere

Las elecciones que la izquierda quiere
Marco Fonseca

De acuerdo a un reportaje de Telesur, «El candidato del partido Libertad Democrática Renovada (Líder), Manuel Baldizón, exigió esta semana a candidatos a alcaldes de esa formación gastar hasta “el último centavo para conseguir votos”, al tiempo que expresó su adversión a las manifestaciones ciudadanas contra la corrupción realizadas en la plaza de la Constitución» (http://tinyurl.com/offbrky). Esto es, en verdad, lo que define a estas elecciones: su ilegitimidad, ilegalidad y corrupción fundamental. Son negocio en tráfico de influencias, falsedad ideológica, asociación ilícita, promesas falsas, partidos mafiosos, compra y venta de votos, clientelismo, reproducción de poderes regionales/nacionales, más y más de lo mismo.

Sin embargo, como es típico en procesos políticos dominados por élites que a pesar de la enorme protesta ciudadana de los últimos meses han logrado mantener el control de la agenda política, las elecciones van a ocurrir y, mucha gente de la izquierda, en los partidos de izquierda o fuera de los mismos, quiere que así sea. Y porque son un «hecho» mucha gente progresista está diciendo, a menos de una semana de las elecciones, que hay que ir a votar aunque sea – como lo dice Jorge Rodriguez​ – por el menos peor. Decir lo contrario da la apariencia de que uno arriesga descalificar a la gente menos peor que hay en el proceso y que creen que después del 6 de enero van a poder transformar el sistema, paso a paso, desde adentro de la institucionalizad corrupta y diseñada para que nada sustancial cambie.

Para mí hay dos hechos básicos que (auto) descalifican a esta izquierda en el momento presente.

Primero, no han sido capaces de ponerse de acuerdo sobre un programa común porque están dirigidas y divididas por gente del pasado que sigue controlando sus cúpulas, con sus peleas y recelos de antes y con el control de las ideas y los programas que el resto de la gente, una vez se <<aprueban>>, se encarga de socializar como si fueran Testigos de Jehová. Aunque respeto y admiro a mucha gente particular que participa activamente en las filas de la izquierda partidista, yo veo al proyecto casi como un todo (y todos sus intentos de querer hablar en nombre de la <<verdadera izquierda>>, etc.) en todas las elecciones desde la transición, como un fracaso. Eso no quiere decir que no haya gente valiosa, respetable, solidaria y con experiencia y compromiso indiscutible y con propuestas serias para el futuro partido refundacional. Por razones similares es que han surgido nuevos partidos refundacionales de izquierda en Ecuador, Bolivia, Venezuela y también España y Grecia en donde dejaron atrás a las viejas cúpulas de la izquierda. La izquierda chapina no es viable en la forma que tiene en el presente.

Y, segundo, la izquierda partidista no ha sido capáz de responder al desafío del Evento, de #RenunciaYa, como partidos, como expresiones de izquierda. La verdad es que el Evento tomó a todo mundo por sorpresa pero como la izquierda dice estar conectada con el pueblo, su falta de respuesta ha sido todavía mas patente. Y cuando irrumpió el Evento de #RenunciaYa la izquierda ya estaba totalmente encarrilada y comprometida con el presente proceso electoral porque ya había invertido años de organización en muchas comunidades y regiones, entre muchos grupos y organizaciones y ya habían invertido muchos recursos en el proceso. ¿Cómo abandonar todo ese trabajo a última hora y solo porque, inicialmente, grupos de clase media estaban pidiendo renuncias y suspensión de las elecciones? No hubiera sido fácil y de hecho decidieron no cambiar de dirección y seguir con la inercia del proceso y apoyar solamente el llamado a ponerle fin a la corrupción y enjuiciar a la gente culpable, un llamado que hasta el Cacif ha hecho, pero de ninguna manera suspender el proceso electoral como se ha escuchado de manera creciente en las calles.

Yo creo que es mas ilusorio precipitarse por el voto del/a menos peor que asumir el reto histórico del presente con coraje y votar NO, decir NO, rechazar y traducir todo esto en un nuevo activismo militante que aunque nos lleve tiempo – no el tiempo que nos impone la institucionalidad – se dedique a construir el Partido de la Refundación (o como quiera que la ciudadanía en protesta le llame) para el futuro.

En estas condiciones no queremos elecciones.
Por el derecho de la ciudadanía a ANULAR las elecciones.
Vamos patria hacia la #RefundaciónYa

Marco Fonseca es Doctor en Filosofía Política y Estudios Latinoamericanos por parte de la York University. Actualmente es profesor adjunto en el Departamento de Estudios Internacionales de Glendon College, York University.

Creative Commons Attribution-NonCommercial 4.0 International licence.

Foto: Telesur

Foto: Telesur

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