Disentir contra el Premio Nobel de la Paz y el Comité Noruego del Nobel

Disentir contra el Premio Nobel de la Paz y el Comité Noruego del Nobel
Marco Fonseca

No es la primera vez que el Comité Noruego del Nobel otorga en Premio Nobel de la Paz que sirve de complemento y apoyo perfecto a las políticas globales de «promoción democrática» impulsadas por EE.UU. y sus aliados ricos del Norte Global (aunque se encuentren geográficamente en el sur). Recordemos el Premio de la Paz otorgado al flamante y recientemente electo Presidente Obama en octubre de 2009. Y ya todos/as sabemos lo que el Presidente desató en el mundo Árabe incluso antes de suavizar las guerras imperiales en Irak y Afganistán: la guerra cruenta, inhumana y terrorista de los «drones». Esa es la «paz americana» de hoy. Ademas, por supuesto, Obama le dio nuevo impulso a la vieja política de Reagan que consistía en promover «democracias» amistosas por todo el mundo pobre y subdesarrollado de lo que hoy llamamos el Sur Global. De allí, pues, las las «revoluciones de color» en los países de la antigua Unión Soviética y los esfuerzos claros y desnudos por neutralizar, desactivar y normalizar las Primaveras Árabes que empezaron en 2010 precisamente en Túnez y en el Sahara occidental. ¡Hicieron buen trabajo! Llegó la hora de los premios.

Cuando le otorgan el Premio Nobel de la Paz a una organización política, una coalición de organizaciones de la «sociedad civil» que surge precisamente de la Revolución de los Jazmines o la Primavera Árabe en Túnez para «facilitar» un modelo de «diálogo» y una «democracia pluralista» (poliarquía) enteramente aprobada por el Norte rico, sabemos que ya es un proceso desactivado, normalizado y de carácter restaurador. No es restaurador del régimen antiguo porque sí fue un cambio de régimen efectivo, fue una especie de «revolución de color» al estilo árabe. Es restaurador, sin embargo, del régimen neoliberal y globalizador que estaba siendo relativamente impedido u obstaculizado por el gobierno autocrático de Zine El Abidine Ben Ali en Túnez, Hosni Mubarak en Egipto, Muamar el Gadafi en Libia, Ali Abdullah Saleh en Yemen y, ciertamente, por presidente Bashar al-Asad en Siria (aparte de ser el último bastión contra el control Occidental del Medio Este). Se trató, en esencia, de fomentar y promover la revolución del capital y no – en palabras de Gramsci – la «revolución contra El Capital» (incluso en su doble sentido). Son, pues, los representantes más excelentes de éstas expresiones revolucionarias del capital y la poliarquía quienes hoy han sido adecuadamente premiados por Comité Noruego del Nobel.

La base teórica e histórica que uso para argumentar lo de arriba se encuentra en mi ensayo «La teoría de la mala sociedad civil» publicado en dos partes por la Revista del IPNUSAC (parte 1 aquí https://goo.gl/bMcN31, parte 2 aquí https://goo.gl/E4m1mG, o versión impresa completa en format pdf aquí https://goo.gl/f1t7xy).

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