Crítica sin azúcar

Crítica sin azúcar
Marco Fonseca

No se de dónde saca Siglo 21 su titular del miércoles 16 de diciembre que dice «Guatemala ocupa el penúltimo lugar en desarrollo humano». Si no es literalmente cierto, no está lejos de la verdad. Pero de acuerdo al Indice de Desarrollo Humano en el Informe sobre desarrollo humano 2015 del PNUD, Guatemala ocupa la posición 128 de un total de 188 países medidos por estos indicadores. Más que el informe del PNUD, entonces, son las estadísticas de pobreza nacional que leemos en la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi) para 2014 las que nos dan la impresión de que Guatemala no tiene esperanza siempre y cuando se busque la misma dentro de lo mismo de siempre.

¿Qué es lo que nos dicen esos números? «Para el 2014 se encontró que un 59.3% de la población guatemalteca vive por debajo de la línea de pobreza, comparado con el 51.2% observado en el 2006. Además un 23.4% vive en extrema pobreza, equivalente a un aumento de 8.1 puntos porcentuales respecto del 2006». Es más, aunque un número reducido de gente aumentó sus ingresos y con ello – de acuerdo al truculento «Coeficiente Gini – parece que la desigualdad en Guatemala se redujo un poquito, ello de todos modos implicó que «aumentaron la pobreza y la pobreza extrema» y que la gente rica sea hoy más rica que nunca. Como lo pone Diego Padilla Vassaux en Nómada, «el crecimiento no reduce la pobreza».  ¿Paradoja o dialéctica del sistema?

Hay que decirlo y hay que decirlo claramente: no es casual o fortuito que Guatemala ocupe año tras año, década tras década, un lugar tan bajísimo en el llamado «desarrollo humano» (un concepto que no es factual ni neutral sino que teórico e ideológico) a pesar de la implementación sucesiva de varias políticas de «desarrollo humano» con un coctel variado de «programas sociales» y políticas de educación apegados a los consejos del PNUD mismo en conjunción con el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y otras agencias internacionales de «desarrollo». Esa es la maquinaria por la que se transmite el neoliberalismo de lo internacional (de instancias como el Foro Económico Mundial dominadas por la clase capitalista transnacional) a lo nacional (Fundesa) y lo estatal (Segeplan, etc.). Estas políticas han sido implementadas por TODOS los gobiernos desde la transición, en forma de programas sociales, transferencias condicionadas, distribución de semillas, etc. para tratar de rellenar los hoyos gigantescos en la condición humana abiertos como resultado del modelo dominante de capitalismo periférico, extractivo, expoliador e inhumano que el Cacif y grupos regionales de poder han impuesto a Guatemala.

No estamos hablando simplemente – como lo pretenden las élites y sus intelectuales – de «fallas del mercado», «irracionalidad» en la administración pública, corrupción en el manejo o distribución de los recursos públicos, «clientelismo» en la adjudicación de los programas sociales, simples problemas en la recaudación fiscal o la ejecución de los presupuestos o, incluso, de ciertas tendencias socioeconómicas aisladas y fuera de control como la migración del campo a la ciudad y el deterioro constante en la educación nacional o el sistema de salud. Aunque es cierto que enormes cantidades del presupuesto público se despilfarran y se usan para mantener una burocracia que en su mayoría es inepta e incapaz o se desvían y se pierden en las redes de corrupción como La Línea, ello no explica la condición humana de Guatemala y más particularmente – como, de nuevo, lo apunta correctamente Vassaux – la condición humana de las comunidades mayas y de mujeres pobres. La misma no se explica como causa del Estado o su corrupción aunque éstos factores ciertamente sirvan para exacerbarla y empeorarla.

El capitalismo, por diseño y lógica interna, genera riqueza para poca gente y pobreza para la mayoría. Y la pobreza se agudiza, se vuelve pobreza extrema, precariedad absoluta, lumpenproletarianismo cuando se trata de un capitalismo del desastre (como lo dicen Naomi Klein y Antony Loewenstein), un capitalismo extractivo (como lo dice Harvey y Gudynas) o un capitalismo rentista donde las ingresos del 1% milgrasosamente aumentan aunque el crecimiento económico del sistema como un todo esté en recesión, en declive o con crecimiento negativo (como lo ha demostrado Piketty). Uno de los economistas liberales más reconocidos internacionalmente, Joseph Stiglitz, recientemente reconoció que cuando el capitalismo deja de satisfacer las necesidades de las mayorías – como, en cierta medida, fue el caso histórico en los países industrializados del Norte Global, pero nunca en el Sur y menos en Guatemala – el sistema ha dejado de ser justificable.

Y no hay modo de componer o reparar las tendencias estructurales del sistema, mucho menos bajo las condiciones del extractivismo extremo en el contexto de la globalización corporativa, como engañosamente lo proponen, por ejemplo, socialdemócratas neoliberales de cepa blairista. No es simple cuestión de que un nuevo gobierno «implemente lo cambios necesarios» contratando burócratas nuevos con mejor entrenamiento del Banco Mundial y con «mejores» ideas para diseñar y aplicar «mejores» programas sociales con recursos públicos en constante disminución por la falta de recaudación, por falta de impuestos, por falta de «crecimiento económico». No se puede componer el sistema eligiendo gobiernos estúpidos, incompetentes y excesivamente corruptos – aunque estén asistidos por un ejército de consultores/as sub-calidifcados/as pero sobre-pagados/as por su mentalidad oenegera – como los que han desgobernado y desfalcado a la ya pobre Guatemala en sus últimos tres lustros.

Y en cuanto al entrante gobierno del payaso Jimmy Morales, ¿qué podemos esperar? Solo podemos estar seguros de una cosa: el desarrollo humano guatemalteco se va a poner peor mientras que las fortunas del Cacif, las maquiladoras, las corporaciones extractivistas y las transnacionales se van a seguir elevando como lo manda su dios – El Capital.

Vamos patria hacia la ‪#‎RefundaciónYa‬

Marco Fonseca es Doctor en Filosofía Política y Estudios Latinoamericanos por parte de la York University. Actualmente es instructor en el Departamento de Estudios Internacionales de Glendon College, York University.

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