Nota rápida sobre el concepto de hegemonía en Gramsci

Nota rápida sobre el concepto de hegemonía en Gramsci

Marco Fonseca

Estoy muy, muy de acuerdo con la crítica a Podemos y, más particularmente, a Iglesias y Errejón y, detrás de ellos, a Laclau y Mouffe que hace Miguel Sanz Alcántara – él mismo militante de Podemos – en su pieza titulada «La influencia de Laclau y Mouffe en Podemos: hegemonía sin revolución» (ver http://goo.gl/kFT1Fw). Gracias a Christian Espinoza por traer esta pieza a nuestra atención y por apuntar el hecho de que la pieza de Sanz Alcántara refleja, correctamente, los debates que se están dando adentro de Podemos mismo en torno a teoría y estrategia política.

No voy a resumir la crítica que hace Sanz Alcántara a Podemos aquí. Pero – y siempre hay un pero, ¿no es cierto? – el concepto de hegemonía que Sanz Alcántara le atribuye a Gramsci – sin referencias – es el concepto que prevalece en el neo-gramscismo que está, en sí mismo y en gran parte, equivocado. Él escribe:

«La hegemonía que plantea Gramsci, como contraposición a la hegemonía ejercida por el sistema capitalista, es la búsqueda de una extensión de la ideología de liberación de la clase trabajadora al conjunto de clases y sectores sociales oprimidos.»

Sin embargo, esa es simplemente la versión estratégica y realista, estrictamente leninista (es decir, del Lenin post-1917) de la hegemonía con la cual Gramsci solamente INICIA sus investigaciones en los Cuadernos de la cárcel pero no las deja ahí. Pues esa noción es la que el mismo Gramsci deja atrás, a medida que escribe sus notas, para desarrollar un concepto más amplio y crítico de contra-hegemonía. En eso se basa, precisamente, su crítica tanto a la «sociedad política» como a la «sociedad civil».

Como es el caso en Marx, en cuyo trabajo el concepto de capital y, mucho menos, el de la acumulación de capital, no se desarrolla para que luego planteemos una versión progresista del capital o – como equivocadamente lo hicieron los estalinistas en la vieja Unión Soviética – o un modelo socialista de acumulación, así también en Gramsci el concepto de hegemonía no se critica para luego desarrollar una versión liberadora del mismo sobre la base de una sociedad civil progresista – lo que es, en realidad, una contradictio in adjecto. El punto de Gramsci es, más bien, trascender el proceso de la hegemonía (al igual que hay que trascender el proceso de acumulación de capital), romper con la misma, crear algo nuevo, pues capitalismo (proceso de acumulación) y hegemonía (proceso de hegemonización) son, en el contexto de la modernidad liberal-capitalista y más aun en el contexto de las sociedades civiles actuales y «buenas», inseparables. Como lo pone correctamente el mismo Sanz Alcántara:

«En lugar de realizar un asalto directo al poder del Estado para destruirlo (“guerra de maniobra”, como había pasado en el proceso revolucionario ruso y se había intentado en Alemania a partir de 1918), era necesario ir ganando batallas en el ámbito político, cultural y económico, que erosionaran la hegemonía ideológica del sistema capitalista y levantaran una contra-hegemonía de carácter socialista».

Pero las batallas que Gramsci nos plantea no son culturalistas ni socialdemócratas. Aunque en Gramsci ideología y hegemonía no son lo mismo, pues si lo fueran ¿cuál sería la razón de usar dos vocablos de tan diferente origen y que apuntan a lógicas y dinámicas tan distintas para referirse a lo mismo?, el pasaje de arriba sí registra un elemento gramsciano crucial: se trata de construir una contra-hegemonía socialista/comunista a partir de las mayorías sociales excluidas y oprimidas, las mayorías subalternas.

La dificultad en construir la alternativa a la hegemonía del capitalismo liberal/neoliberal no depende simplemente de que el capitalismo liberal o neoliberal contemporáneo «sólo [puede] funcionar creando una conciencia “falsa” entre la misma clase trabajadora». Gramsci, de hecho y explícitamente, abandona la noción de «conciencia falsa» a favor de la noción de conciencia hegemonizada, es decir, la experiencia/conciencia del «sujeto» moral y político moderno por medio de la cual es capaz de sentirse libre para escoger lo que quiera precisamente al momento en que se encuentra más hegemonizado que nunca. Eso es lo que persigue romper lo que Gramsci llama una «reforma moral e intelectual» y eso ocurre, en su opinión, por medio de desarrollar la doble cara y el doble momento de la «práctica impura» (explícitamente desplegada como crítica a la «buena conciencia» burguesa en la tradición moral kantiana) contra-hegemónica: el momento de lo rizomático, catártico y espontáneo en combinación con el momento de lo disciplinado y organizado.  El instrumento para hacer esto, en el trabajo de Gramsci, recibe el nombre de Príncipe Moderno, Sanz Alcántara lo llama el «frente único» (a diferencia del «Frente Popular» de la Internacional) y yo lo llamo el Partido de la Refundación.

Aparte de estas correcciones, si las puedo llamar así, considero que la crítica de Sanz Alcántara al pensamiento de Iglesias y Errejón y, detrás de ellos, al pensamiento de Mouffe y Laclau es esencialmente correcta. Y la recomiendo precisamente porque refleja los debates que estamos teniendo dentro de la izquierda en torno no solo a cuestiones de teoría revolucionaria sino también de práctica revolucionaria. Es obvio que esto está dándose adentro de Podemos también.

No hay que olvidar que Iglesias y Errejón son ellos mismos los «intelectuales orgánicos» de Podemos y, como tales, han hecho sus propias teorizaciones a partir de las cuales se han desarrollado las políticas de Podemos. Iglesias, por ejemplo, hay hecho varias publicaciones muy interesantes – aunque no sin problemas – empezando con su tesis doctoral (en la Complutense), bajo la influencia obvia de Hardt y Negri (más de 4o menciones y referencias en su tesis), titulada «Multitud y acción colectiva postnacional: Un Estudio comparado de los desobedientes: de Italia a Madrid (2000-2005) (Complutense, 2008, disponible aquí http://goo.gl/PZ1A16). Iglesias continuó su trabajo con la publicación de su libro Disputar la democracia: Política para tiempos de crisis (Akal, 2014, ver http://goo.gl/xRd1eu), su trabajo (como coordinador) Ganar o Morir, lecciones políticas en Juego de Tronos (Akal, 2014) y su artículo para New Left Review titulado «Para entender Podemos» (2015, disponible aquí http://tinyurl.com/zu7p3ms). Errejón, por su parte, terminó su tesis doctoral en 2011 titulada «La lucha por la hegemonía durante el primer gobierno del MAS en Bolivia (2006-2009). Un análisis discursivo» (disponible aquí http://goo.gl/pQs8D9) al mismo tiempo que estaba coordinando en Sudamérica un libro con Alfredo Serrano sobre Bolivia titulado ¡Ahora es cuándo carajo! Del asalto a la transformación del Estado en Bolivia (El Viejo Topo, 2011). También es autor de un capítulo en el libro Ganar o Morir titulado «Política y guerra en Game of Thrones» y publicó un libro con Mouffe titulado «Construir pueblo: Hegemonía y radicalización de la democracia» (Icaria, 2015, disponible parcialmente aquí http://goo.gl/hh4KJr y con un video en YouTube aquí https://youtu.be/at4Cp7hXQ2M). Por cierto, el título del libro de Mouffe y Errejón es igual al del capítulo 4 del libro «Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia» (Siglo XXI de España Editores, Madrid: 1987. pp-167-217) escrito por Mouffe y Laclau (capítulo disponible aquí http://goo.gl/Psf9pR). Así pues que, como es evidente, la lectura gramsciana que ofrecen Mouffe y Laclau, como lo dice correctamente Saenz Alcántara, ha sido crucial en el pensamiento teórico y la práctica política de la generación de los líderes jóvenes de Podemos.

Pero también tenemos el caso de Juan Carlos Monedero, la tercer figura fundadora de Podemos, quien se separó de la organización política por diferencias «sobre el proyecto y la moderación» (ver http://goo.gl/kvrAcv). Es cierto que el ascenso académico y político de Iglesias y Errejón ha sido meteórico en parte porque va en los hombros del ascenso político del movimiento y en parte por la atención que han recibido por parte de intelectuales de reconocimiento global como Mouffe. Pero Monedero (ya a los 52 años) tiene una trayectoria académica y práctica más larga y tanto Iglesias (a los 37) como Errejón (a los 33) estaban prácticamente en pañales cuando Monedero sacó su doctorado en Heilderberg entre el 89 y el 92 con una tesis titulada «Causas de la disolución de la República Democrática Alemana. La ausencia de legitimidad: 1949-1989» y leída en la Complutense (1996) y cuando sirvió como consejero político para Gaspar Llamazares entre el 2000 y 2005, cuando éste último era el Coordinador General de Izquierda Unida. Los últimos trabajos de Monedero incluyen Disfraces del Leviatán (Akal, 2009), Claves para un mundo en transición. Crítica y reconstrucción de la política (Cyan, 2009), El gobierno de las palabras (FCE Espana, 2009) y un librito pequeño titulado La rebelión de los indignados (Rompeolas, 2011). Es obvio, pues, que las influencias teóricas en el trabajo de Monedero exceden significativamente a las de Iglesias y Errejón y quizás a ello es a lo que aludió Monedero cuando, a su salida de Podemos, declaró que «Me gusta más Galeano que Juego de tronos», en referencia no solo al trabajo de Iglesias sino también al hecho de que Iglesias y Errejón suelen referirse a esa serie frecuentemente. Es sin embargo importante decir que todos estos teóricos, jóvenes o ya veteranos, son teóricos muy comprometidos de diferentes modos con una práctica política orgánica y en ascenso. Y yo debo decir esto aquí, claramente, aunque tenga algunos desacuerdos teóricos con los mismos sobre todo con respecto del pensamiento de Gramsci.

A riesgo de caer en la auto-promoción desvergonzada, es al estudio del concepto gramsciano de hegemonía y contra-hegemonía que le dedico la parte medular de mi estudio sobre Gramsci (https://goo.gl/pY7KO9, versión resumida en borrador temprano https://goo.gl/7FX7xl).

Vamos patria hacia la #RefundaciónYa

Marco Fonseca es Doctor en Filosofía Política y Estudios Latinoamericanos por parte de la York University. Actualmente es instructor en el Departamento de Estudios Internacionales de Glendon College, York University.

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