Frank LaRue (Demos) y la auto-legitimación del sistema

Frank LaRue (Demos) y la auto-legitimación del sistema

Frank LaRue sí tiene razón cuando resalta algunas de las innovaciones que existen en las reformas a la LEPP que acaban de regresar al Congreso con dictamen favorable de la CC. Por ejemplo, «la necesidad de dar paridad a las mujeres en su participación política y reconocer una participación proporcional por parte de candidatas y candidatos indígenas» (ver http://goo.gl/jeSP1I).

Y agrega: «Hoy tenemos la ventaja de que desde la sociedad civil se trabajó con el TSE para elevar una propuesta al Congreso que fue aprobada en gran parte y adicionalmente, que este proyecto de ley fue enviado a la Corte de Constitucionalidad para su revisión desde la perspectiva de la Constitución de la República y esta semana ha regresado con dictamen favorable y con pocas modificaciones.»

Y aquí es donde se descarrila LaRue no solo términos de análisis sino también en términos de opción político-ideológica. Peor aun, me parece que a LaRue le hace falta aquí muchísimo para empezar a reconocer cómo funcionan los factors ideológicos y hegemónicos dentro de la «sociedad civil» misma de la que LaRue y su propia organización, Demos, son parte. De reconocer cómo funcionan estos factores, creo que LaRue ofrecería criterios un poco más críticos y menos alabadores de un proceso de reformas profundamente viciado y diseñado precisamente para no cambie nada profundo.

En principio no podemos simple y automáticamente identificar las propuestas que surgieron de la Plataforma Nacional, por ejemplo, con las de las mayorías sociales que se quedaron esencialmente afuera del proceso. Seguido de ello tampoco podemos decir que lo propuesto por ONGs y otras organizaciones de la «sociedad civil» es de alguna manera ampliamente representativo o ya automáticamente democrático porque, en verdad, esa es una postura cuestionable en la Guatemala de hoy. Solo la cuestión del financiamiento externo de muchas de estas ONGs las agendas de trabajo engarzadas a ese financiamiento es, ya, extremadamente problemático. Encima de eso, por supuesto, está el papel legitimador que muchas de esas organizaciones hacen del marco constitucional del 85 que ya está claramente exhausto.

Hay que decirlo una y otra ves. Si hay algunos elementos «progresistas» en las propuestas de reforma a la LEPP ahora están de vuelta en el congreso, los mismos están enmarcados en los términos estrictamente liberales de derechos humanos o derechos colectivos (como ocurre en el liberalismo de Kymlicka – ver http://goo.gl/yc5XJc) y no, como debería ser de modo mas profundo, es decir, en términos de una democracia protagónica y participativa, en términos de procesos de empoderamiento ciudadano de raíz que no solo cambien las cuotas de representación étnica o de género sino que cambien los procesos de construcción de la voluntad general. Recordemos, ademas, que un una posición de género, de etnia o de edad no es en sí misma intrínsecamente progresista pues bien pueden haber reaccionarios, restauradores y anti-comunistas entre las multiples etnias, géneros, grupos generacionales y hasta orientaciones sexuales en Guatemala como en todo lugar. Vistas las cosas así, el momento decisivo para la democratización real de Guatemala no viene pues de pasar o no pasar estas reformas que, en el fondo, no cambian nada. El momento decisivo viene o puede venir si logramos articular y coordinar una alternativa amplia, socialmente profunda, y constitucionalmente rupturista y refundadora.

Lo que Guatemala y sus mayorías sociales necesitas es, pues, una reforma electoral estructural y profundamente democrática que sirva de antesala para la Refundación. Y ello significa nada más y nada menos que poner el poder realmente en manos de las mayorías sociales  y no simplemente de cambiar la cuota o naturaleza de las élites políticas o cambiar las cuotas de representación en el legislativo. Recordemos, la gente defensora del sistema siempre nos va a decir que no demandemos mucho y mucho menos lo imposible, que hay que ser pragmáticos y realistas, que «esta no es la hora de reformas ambiciosas».

¡Otra reforma es posible!

Vamos patria hacia la #RefundaciónYa

Marco Fonseca es Doctor en Filosofía Política y Estudios Latinoamericanos por parte de la York University. Actualmente es instructor en el Departamento de Estudios Internacionales de Glendon College, York University.

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Foto: Prensa Libre

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