¿Fundación o Refundación? Una cuestión importante

¿Fundación o Refundación? Una cuestión importante
Marco Fonseca
Acabo de leer «DEMANDAS Y PROPUESTAS POLÍTICAS DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS DE IXIMULEW» de la Coordinación y Convergencia Nacional Maya Waqib’ Kej. El título de mi pieza para El Observador coincide con el subtítulo del documento: «Caminando hacia un proyecto político para la reconstitución del Buen Vivir y la fundación de un Estado Plurinacional». Considero esto una coincidencia muy afortunada para mí. Más importante que las coincidencias con mis propuestas es el hecho de que lo que está planteando aquí la Coordinación y Convergencia Nacional Maya Waqib’ Kej coincide de manera fundamental, no solo en términos políticos sino también constitucionales, con los planteamientos refundacionales de la Asamblea Social y Popular (ASP), el Comité de Desarrollo Campesino (CODECA), el Consejo del Pueblo Maya (CPO) y otras organizaciones. Las convergencias son, claramente, mayores que las diferencias. Por ello me alegra mucho que presenten el documento como «un primer paso», «un aporte a un proyecto político de los Pueblos Indígenas de largo alcance en el que debemos seguir trabajando para construir un país justo para vivir con dignidad», pues es un paso en el proceso de forjar desde abajo y de modo autónomo y democrático no solo las distintas vertientes del poder constituyente que hoy laten en el corazón de Guatemala sino también el instrumento nacional-popular – es decir, alguna variante del Partido de la Refundación – que habrá de llevarnos, juntos/as y sin que nadie de abajo se quede atrás, hacia la Refundación rupturista.
Aquí solo quiero empezar haciendo una observación preliminar sobre este documento importantísimo y que tiene que ver con la noción de Refundación o Fundación del Estado.
Si partimos de la idea que una sociedad determinada (indígenas, plurinacional o no) puede constituirse en un Estado en un territorio soberano e independiente ya sea partiendo de una situación colonial y de dominio externo o de una situación que carece de un precedente constitutional propio,  entonces yo creo que es viable e incluso necesario hablar de una «Fundación». Como lo ha demostrado Arturo Taracena en su libro «Invención criolla, sueño ladino, pesadilla indígena, Los Altos de Guatemala: de región a Estado», eso fue lo que ocurrió efímeramente con el Estado de Los Altos, el sexto Estado de Centroamérica, entre 1838-1940. Y eso fue también lo que ocurrió en 2011 en Sudán del Sur y es lo que los pueblos de Palestina, el País Basco o la Provincia de Quebec están demandando para sí. En todos esos casos sí es completamente válido hablar de una Fundación del Estado. Eso lo ilustra bien el caso de Sudán del Sur:
El territorio que actualmente conforma Sudán del Sur fue parte del Sudán Anglo-Egipcio y después, de la República de Sudán desde su independencia en 1956. Sudán del Sur, habitada por múltiples etnias nilóticas principalmente cristianas y animistas, quedó bajo el dominio del sector norsudanés, de predominancia árabe y musulmana. En septiembre de 1983, el entonces presidente de Sudán, Yaafar Mohammed Numeiri, creó un estado federal que incluía tres estados federados en Sudán del Sur, pero más tarde los disolvió, lo que provocó el inicio de la segunda guerra civil entre las tropas sudanesas y el secesionista Ejército de Liberación del Pueblo de Sudán. El gobierno sudanés permitió la autonomía de la región tras un acuerdo de paz firmado el 9 de enero de 2005 en la ciudad keniana de Naivasha. Bajo dicho acuerdo, Sudán del Sur se convirtió en una región autónoma de Sudán con su propio gobierno y constitución interina, aprobada el 5 de diciembre de 2005, que definió la celebración de un referendo de independencia entre el 9 y el 15 de enero de 2011. El 7 de febrero de 2011 se hicieron públicos los resultados oficiales, que arrojaron un apoyo del 98,83 % a los partidarios de la independencia, la cual fue proclamada el 9 de julio de 2011.10 Sudán del Sur se convirtió así en el estado soberano más joven del mundo (Fuente: https://goo.gl/a0khIO).
Pero si lo que nos planteamos es la reconstitución de la arquitectura del poder en un Estado ya establecido y con una tradición constitucional clara, aunque antidemocrática, racista y excluyente, entonces yo creo que lo correcto es hablar de una Refundación como parte de un constitucionalismo rupturista.
En otras palabras, por ejemplo, si alguno de los Pueblos Indígenas (como lo define el documento aquí discutido) de Guatemala reclamara su independencia y secesión del Estado de Guatemala y lo lograse, ello automáticamente desencadenaría un proceso constituyente de «Fundación» de un Estado nuevo en donde el vocablo tiene validez política y jurídicamente sin cuestión alguna. Esto, sin embargo, no puede ser el caso en un contexto sin vacío constitucional o político.
Entiendo el argumento de que en «un Estado que sigue siendo mononacional, monocultural, monolingüe, corrupto y racista, y que está dirigido por los pequeños grupos de élites tradicionales y emergentes, en alianza con militares y las estructuras de crimen organizado», en un contexto donde los grupos subalternos indígenas (y muchos no indígenas también) no fueron incluidos en los procesos constituyentes de la historia de Guatemala, incluyendo el del 85, donde los mismos nunca fueron parte de las decisiones constitucionales que se tomaron para darle forma y contenido normativo al Estado nacional, allí parecería que lo que cabe hablar es de Fundación. Como lo pone el documento: «Los Pueblos Indígenas necesitamos construir nuestros propios procesos y propuestas porque hemos sido excluidos de la agenda nacional de los gobiernos y del Estado».
Sin embargo, lo mismo también puede decirse de otros grupos o categorías sociales que también han sido o son histórica y rutinariamente excluidos/as de los procesos constituyentes incluso en el presente (niños/as, juventud, mujeres, ancianos/as, migrantes, ilegales, prisioneros, etc.) y, en ese caso, también estaríamos hablando del derecho de «fundar» un Estado nuevo. Pero en base a esa lógica cada ciclo histórico donde se genera un nuevo poder constituyente implicaría hablar también de un proceso de «Fundación» Estatal por cuanto que cada vez que surge un nuevo poder constituyente el mismo se legitima precisamente en nombre de su exclusión previa en la arquitectura del poder constituido. Pero ello, como es ampliamente reconocido, no es así y mucho menos en un contexto donde el Estado nacional ya ha sido constituido aunque sea de modo colonial, racista, patriarcal o excluyente.
Ahora bien, aunque el documento de la Coordinación y Convergencia Nacional Maya Waqib’ Kej no define precisamente lo que es una Fundación a diferencia de una Refundación, sí dice:
Para alcanzar el Buen Vivir se necesita la fundación del Estado, lo cual se logrará con personas formadas, ideológica y políticamente en distintas áreas, que se identifiquen y se comprometan con los Pueblos Indígenas. Esto implica la descolonización del pensamiento para empezar a liberar la forma en que se hace economía, la política y la forma en que interactuamos y nos relacionamos en la sociedad.
Lo que la historia demuestra, cuando hablamos de «transformación de las relaciones de poder y subordinación, es decir, equilibrar las fuerzas y representaciones de los Pueblos», es que lo que estamos articulando es la Refundación, es decir, que la tarea que tenemos por delante, en un contexto de poder constituido antidemocrático, racista, patriarcal y en muchos otros sentidos excluyente y opresor, es la tarea de refundar el Estado. Y, bajo las condiciones de la globalización neoliberal del siglo XXI, ello tiene que darse, como correctamente lo plantean nuestros/as hermanos/as de los Pueblos Indígenas, en base al Buen Vivir o Utziläj K’aslemal. Que la confluencia del Nuevo B’aqtun 2014 nos de la claridad para avanzar en este proyecto histórico desde abajo, democráticamente y de modo rupturista.

Vamos patria hacia la #RefundaciónYa

Marco Fonseca es Doctor en Filosofía Política y Estudios Latinoamericanos por parte de la York University. Actualmente es instructor en el Departamento de Estudios Internacionales de Glendon College, York University.

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