De gobierno abierto a democracia abierta

De gobierno abierto a democracia abierta
Marco Fonseca
Una iniciativa de «gobierno abierto» es buena. Pero sin una iniciativa de «democracia abierta», es decir, una democracia donde la ciudadanía realmente tiene la oportunidad de escribir las leyes y cambiarlas si es necesario, donde la ciudadanía no es solo «sujeta» pasiva de políticas públicas sino que es parte del diseño y ejecución de las mismas, la noción de gobierno abierto se vuelve inefectiva y puramente ideológica.
Si bien es cierto que existen, a nivel internacional, iniciativas como la del «Memorandum on Transparency and Open Government» de 2009 y la «The Digital Agenda for Europe» (2015), así como centros de pensamiento como «Open Europe», no hay necesidad ni siquiera de desarrollar una crítica marxista, gramsciana o poulatziana a estas propuestas o al Estado para proponer «abrir los códigos» del sistema político existente y dar el paso de una poliarquía representativa mínima a una democracia participativa. Tomando seriamente los principios de «gobierno abierto» a partir del desarrollo de formas digitales de participación, como el desarrollo de código abierto, eso es lo que propone gente como Rushkoff (ver http://goo.gl/dflR35). Y es, en parte, lo que hemos sugerido en nuestras propuestas para reformar la LEPP. Urge abrir el modelo poliárquico, mínimo, elitista y cerrado de democracia que hoy prevalece en Guatemala y que sigue protegido en el corazón de la nueva LEPP (como lo refleja el decreto legislativo 26-2016) y darle el espacio a la ciudadanía para ejerza su soberanía constitucional y su protagonismo político.
Para que la noción de «gobierno abierto» no se quede al nivel de apertura y transparencia propuesta por Karl Popper en «La sociedad abierta y sus enemigos» (ver https://goo.gl/CvwGYD), para que no se quede en una noción de «libertad» o «constitución de la libertad» centrada en el individualismo posesivo y la propiedad privada como ocurren en el trabajo de Friedrich Hayek (ver http://goo.gl/dNMP6n), para que no se vuelva en una herramienta de simple fiscalización del Estado y un modelo de políticas de austeridad neoliberal, es preciso que dicha concepción se vincule a una concepción de democracia participativa y protagónica. En cierta forma esa es la concepción de democracia que encontramos en el trabajo de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe (ver http://goo.gl/Ma77fi). De manera más desafiante también la encontramos en el trabajo más reciente de Mouffe donde habla de «democracia agonística» (ver http://192.185.116.146/~polo1970/pdf/Mouffe.pdf). También encontramos esto desarrollado, sorpresivamente, en el trabajo más reciente de Marta Harnacker sobre el carácter protagónico de la «democracia de raíces» en Venezuela (ver 1 http://goo.gl/dcXc09, 2 http://goo.gl/nRcc y 3 http://goo.gl/PznlRA). Y, por supuesto, cuando tomamos en serio los presupuestos de la democracia participativa y protagónica es difícil no dar el paso lógico y necesario, como lo plantea Ellen Meiksins Wood, hacia una democracia que es anticapitalista (ver https://goo.gl/XZIFzJ).
En Guatemala, sin embargo, donde no existe una cultura de izquierdas que sea participativa, ni siquiera entre las izquierdas mismas, no hay necesidad de plantearnos ir al límite de la democracia participativa o desarrollar de inmediato una democracia anticapitalista ya. Vasta empezar con círculos y espacios participativos, dialécticos y dialógicos donde se estimule el intercambio democrático, el reconocimiento mutuo, la confianza entre aliados/as naturales, los acuerdos mínimos pero inquebrantables independientemente de otras diferencias o de disputas personales. En cuanto a la propuesta que nos hace la restauración conservadora de desarrollar un modelo «abierto» de gobierno, me parece que eso no lo pueden ni lo van a complementar con una inclusión participativa y protagónica de la ciudadanía.

Vamos patria hacia la #RefundaciónYa desde abajo, democrática y rupturista

Marco Fonseca es Doctor en Filosofía Política y Estudios Latinoamericanos por parte de la York University. Actualmente es instructor en el Departamento de Estudios Internacionales de Glendon College, York University. Su libro más reciente se titula «Gramsci’s Critique of Civil Society. Towards a New Concept of Hegemony» (https://goo.gl/Oeh4dG).

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