No fue solo ETR – así estamos muchos/as

No fue solo ETR – así estamos muchos/as

Marco Fonseca

La crítica a la «metida de pata» racista (sus propias palabras) de Edelberto Torres-Rivas (ETR) durante su entrevista con la radio Emisoras Unidas el 2 de diciembre de 2016 (ver https://emisorasunidas.com/?p=385714) es una crítica necesaria le guste o no a medio mundo (todavía hace falta ver a una persona de raíz Maya defendiendo al maestro a pesar de todo). Pero esa crítica – si es que es crítica verdadera – no borra ni descalifica toda una vida de trabajo, contribuciones y compromiso con el cambio político en Guatemala. Es precisamente por esa trayectoria – en parte correctamente resaltada por Karin Slowing Umaña en un blog de opinion en Facebook defendiendo a ETR (http://bit.ly/2g7l83x) – que es imposible quedarse en silencio sobre todo cuando el objeto de la «metida de pata» no fue una persona o un colectivo social cualquiera sino las víctimas históricas del holocausto español y luego del genocidio criollo/mestizo, un genocidio que tuvo como raíz precisamente al odio y el racismo.

No creo que los comentario de ETR hayan sido comentarios casuales, seniles o deslindes de la lengua, como podría verse y de hecho ha sido vista la cosa, pero admito que eso es cuestión de debate (fácil de decir desde una perspectiva no indígena!). Más bien creo que es algo que parece ser indicativo de un malestar y un descontento psicológico, cultural e ideológico más profundo, un eurocentrismo y un cierto colonialismo epistemológico, raramente expresado de modo explícito por gente tan cuidadosa como ETR, pero que por una mezcla de razones sin duda complejas encontró expresión en esa entrevista ahora infama con Emisoras Unidas.

De no haber algo más profundo no es posible lamentar con tanto liricismo el hecho de no tener una sangre «catalana» y el hecho de que Guatemala haya sido arrastrada «hasta abajo», hasta ese hoyo de tristeza, enojo y eterno resentimiento «preclasista» contra los pobres españoles, por su población indígena y luego proceder a reducir estadísticamente a esa población a un 20% de los/as habitantes del país (ya ETR ha dicho y escrito, en el pasado, que «las categorías de indígenas y ladinos, como expresión dicotómica de la sociedad nacional, son equívocas y no corresponden a la actual realidad» y que si usa dichas categorías lo hace «con evidente disgusto»; ver «Guatemala 2000: Un edificio de cinco pisos (Introducción a un análisis de estratificación social)», 2005). De hecho, es posible encontrar ya rastros epistemológicos de este argumento cuando, en su famoso ensayo «Ocho claves para comprender la crisis en Centroamérica» (1981), ETR habla de «el hondo rencor, preclasista, de los desclasados urbanos, y sobre todo de las etnias indígenas en Guatemala» que a su juicio motivaron la participación indígena en las luchas revolucionarias durante el conflicto armado interno (ver Centroamérica: Entre revoluciones y democracia, Clacso y Siglo XXI, 215, p. 153). No estamos hablando pues de una «metida de pata» cualquiera o sin raíces más profundas. Y no es una metida de pata comparable con otras metidas de pata.

Si nos indignamos cuando gente como Méndez Ruíz esfuman odio de sus bocas y no solo contra gente de raíz Maya sino que también contra mujeres y activistas de todo tipo, no podemos dejar de hacer lo mismo con gente de la estatura y reconocimiento de ETR. Es más, no podemos dejar de hacer lo mismo con nosotros/as mismos/as, supuestos «mestizos», que en ocasiones imposibles de contar emitimos juicios de valor tan problemáticos y posiblemente racistas como los emitidos por ETR. En esto, nadie está libre de pecado. Por ello, al mismo tiempo, no hay mejor manera de respetar la amistad y lecciones del maestro que ofreciendo una crítica puntual, honesta, merecida y afilada, tal y como debemos admitir puede ocurrir (y, de hecho, ha ocurrido) contra nosotros/as mismos/as. Como lo demuestra su disculpa pública, es obvio que ETR es el primero en reconocer todo esto.

Vamos patria hacia la #RefundaciónYa desde abajo, democrática y rupturista

Marco Fonseca es Doctor en Filosofía Política y Estudios Latinoamericanos por parte de la York University. Actualmente es instructor en el Departamento de Estudios Internacionales de Glendon College, York University. Su libro más reciente se titula «Gramsci’s Critique of Civil Society. Towards a New Concept of Hegemony» (https://goo.gl/Oeh4dG).

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Foto: Emisoras Unidas

 

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