¿Silencio político o división hegemónica?

¿Silencio político o división hegemónica?

La opinión común presenta el ascenso de Arzú jr y el escenario de la «oposición» en el congreso como producto del «silencio» y, en esencia, de la claudicación política de la «oposición» en el congreso. Esto está bien ilustrado en una pieza de elPeriódico donde se pinta la cosa del siguiente modo:

Las bancadas de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), Compromiso, Renovación y Orden (Creo), Encuentro por Guatemala (EG), Visión con Valores (Viva), Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG), Winaq, Convergencia y Fuerza se quedaron con las manos cruzadas y decidieron no presentar planilla para dirigir el Congreso. En silencio, fueron testigos cómo los diputados del bloque Todos entregaban a la Junta Directiva una planilla que impulsaba al hijo del alcalde capitalino, Álvaro Arzú Escobar. (ver https://is.gd/X8PBGz).

Sin embargo, en el congreso, no es simple cuestión de someterse al liderazgo ideológico o político de un partido también corrupto como la UNE que, por su parte, jamás hubiera aceptado sujetarse al liderazgo de partidos como Convergencia, Winaq, URNG o incluso su pariente político más cercano como lo es EG. No les era, pues, política o ideológicamente posible presentar planilla alternativa y unificada a la de Arzú, aunque se hayan enterado de estas maniobras con días de anticipación. Las fuerzas dominantes se mueven más rápido y cuentan con el personal y los recursos para consolidar su proyecto.

La actual arquitectura del congreso está diseñada, precisamente, para crear estas divisiones dentro de la «oposición» y, con ello, permitir la expresión del disenso con la gestión pública pero, de ningún modo, hacer posible su descarrilamiento. Repito, eso es el diseño del poder legislativo y hay que rastrearlo hasta su trasfondo constitucional en la LEPP. La LEPP está hecha para permitir esta proliferación de voces de «oposición» que, en la práctica y ya en el legislativo, se convierten en voces de legitimación, incluso en contra de sí mismas, ya no digamos en contra de la ciudadanía.

La «falla» crucial en el legislativo es, pues, una falla inherente al mismo. Solo el poder dominante tiene capacidad de liderar, casi a su capricho y antojo, a quienes quieren que conduzca las cosas, aunque sea por un año – el año crucial, crítico y electoral de 2018. Algo crucial es que la nueva junta directiva no está hecha solamente a la confección de los/as afectados por investigaciones contra la corrupción, que es lo que todo mundo dice. Algo más profundo y, por tanto, más urgente es que esta nueva junta directa está hecha cabal para consolidar el proceso de restauración conservadora y neoliberal. Recordemos, primero que Arzú mayor ascendió a poder ejecutivo para profundizar la tragedia del neoliberalismo a mediados de los 90s y barnizarla como el arribo de la era de la paz. Hoy, en un giro de tuerca todavía más perverso y malvado, Arzú menor asciende al poder legislativo para consolidar la farsa y todo el simulacro democrático (“elecciones”, ceremonias, juramentaciones, etc.) de la restauración del modelo conservador y neoliberal inaugurado por su padre.

Hay algo aquí también que demuestra que los significantes de «la transparencia» y la «anti-corrupción», como los entiende la Cicig, no han incursionado seriamente dentro de los aparatos políticos e ideológicos del Estado neoliberal (en sentido estricto). Ni siquiera después de los cuatro actos de infamia que se cometieron en el gobierno entre agosto y septiembre de 2017 – un intento vil y deliberado por legalizar, nada más y nada menos, que la criminalidad misma (ver https://wp.me/p6sBvp-Lq). La forma cómo los poderes dominantes y sus camarillas de poder y de cartón entienden la restauración sin depuración sigue siendo el modelo que rige la política dentro del Estado neoliberal en Guatemala, sin importar lo que diga la embajada gringa, la Cicig, la fraccion dominante que también quiere restauración pero con alguna depuración (en parte, para atraer más inversiones directas de las transnacionales y así ampliar el modelo extractivista de acumulación) o, de hecho, la ciudadanía «indignada». La indignación misma, de hecho, ha sido aplastada y se ha revelado, fehacientemente, como un significante político deficitario y corto.

Los significantes centrales de la «transparencia» y la «anticorrupción» son, pues, mediadores de la dominación y la normalización y no son suficientes ni gozan del consenso necesario para cimentar alternativas políticas dentro de un poder legislativo cooptado y esencialmente corrupto, una verdadera Torre de babel dentro de la bastilla de la corrupción.

División del rebaño, ganancia para lobos.

El momento presente no puede reducirse, pues, a dar informes alternativos sobre la gestión restauradora y neoliberal de Morales. El momento presente requiere de audacia, articulación y voluntad para hacer temblar los cimientos normalizadores y hegemónicos de toda la restauración conservadora y neoliberal.


 

Vamos Guatemala hacia la #RefundaciónYa desde abajo, democrática y rupturista

Marco Fonseca es Doctor en Filosofía Política y Estudios Latinoamericanos por parte de la York University. Actualmente es instructor en el Departamento de Estudios Internacionales de Glendon College, York University. Su libro más reciente se titula «Gramsci’s Critique of Civil Society. Towards a New Concept of Hegemony» (https://goo.gl/Oeh4dG).

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Foto: José Miguel Lam, elPeriódico

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