Las “maras” no son “terroristas”

Las “maras” no son terroristas, son producto de la doctrina shock neoliberal aplicada en Guatemala desde los 90s.

Las “maras” son sin duda una forma de organización social, con sus propias reglas de honor y disciplina interna, que aunque reproducen mucho patrones culturales comunes, desde relaciones de género, espiritualidades y hasta formas jerárquicas de poder que también predominan y definen a la sociedad dominante, no le quedan bien al Estado neoliberal existente y no caben bien dentro de las formas monopolistas de controlar tanto la violencia como el acceso criminal a los bienes y recursos de la sociedad que posee el Estado. Pero sin sus propias estructuras, sin “una disposición razonada y mecanismos de defensa” (Oscar Lewis), las maras -como parte de “los pobres” y otros condenados de la Tierra- “difícilmente podrían seguir adelante” con su empresa.

Las “maras” son, pues, una forma de auto-organización social de la juventudes excluidas -migrantes, desplazadas, deportadas, desesperanzadas, criminalizadas, desempleadas, demonizadas y excluidas- en respuesta a la exclusión y marginación social, al hecho concreto de que no hay espacio para ellos/as, de que no son bienvenidos/as. Además, también son el resultado de la implosión de sus propios barrios marginales a los que, con el tiempo, pistola en mano, tatuaje en cara, como máscara de una estética de la muerte, regresan cual huestes auto-depredadoras a cobrar la factura. El método predilecto es lo que han aprendido de las clases dominantes: apropiación violenta, amenazas, extorsiones, “impuestos” o subsidios ilegales y criminales y, cuando no obtienen los resultados esperados, asesinatos anunciados o sorpresivos. Si algo se puede decir con certeza sobre la economía del crimen y de la muerte es que el mismo no miente.

Pero, incluso sin terminar la escuela o sin comprarse un cartón falso de licenciatura o doctorado, las “maras” han aprendido bien, incluso mejor que los del Javier o el Alemán, las reglas del juego mercantil que hoy ha salido a plena luz como las reglas del juego de políticos y empresarios que se la pasan de gente decente, educada, emprendedora y honesta. Las “maras” no trafican influencia, sino que influyen, como pueden, el tráfico no permitido. Pues en el submundo que las “maras” ocupan, controlan y organizan, tales pretensiones de etiqueta no quedan bien, tales juegos de moralidad corrupta resultan realmente onerosos, y cuales ratas despreciadas y sin tacuche que no les queda de otra más que adueñarse como pueden del sótano y la azotea de las colonias y los asentamientos, la violencia y la degeneración social son el medio directo de cambio y de pago. Las maras son crueles, sí, pero son honestas en cuanto a ello: sabés lo que te van a hacer si no pagás y al revés, sabés que van a regresar a cobrarte deshonestamente. En este sentido estricto, son herederas de la cultura contra-insurgente. Pero sus maestros, las elites cacifistas, de los partidos de cartón, son los/as hipócritas: nunca sabés lo que te van a hacer o cuánto en verdad te van a despojar aunque te dejen lo mínimo, o menos de lo mínimo, para pagar de nuevo al día siguiente con tu sangre y tu sudor. Y siempre te dicen, a sabiendas de que la realidad es lo opuesto, que todo ocurre de modo legal, libre y transparente.

Claro, por ello, por su honesta brutalidad, por su desnuda violencia, por la honestidad de su crimen, las “maras” son también una amenaza para la “seguridad” y el “bienestar” de una economía urbana, de una ciudad de pretensiones, de un simulacro de “desarrollo urbano”, de un país donde, en realidad, la seguridad de las mayorías de todos modos no cuenta. Es la hipocresía de los de arriba lo que hay que proteger de la verdad de los de abajo.

Las “maras” son un grito que surge de la descomposición y barbarie social de una Guatemala que ha sido sobre-explotada, durante décadas e incluso generaciones, por elites depredadoras y despiadadas que hoy, armadas con la doctrina shock neoliberal, incluso han encontrado formas de acumular riqueza de la misma pobreza creciente y aplastante de donde surgen las “maras”. Y después de crear un mundo totalmente excluyente y alienante, hoy las quieren declarar “terroristas”.


 

Vamos Guatemala hacia la #RefundaciónYa desde abajo, democrática y rupturista

Marco Fonseca es Doctor en Filosofía Política y Estudios Latinoamericanos por parte de la York University. Actualmente es instructor en el Departamento de Estudios Internacionales de Glendon College, York University. Su libro más reciente se titula «Gramsci’s Critique of Civil Society. Towards a New Concept of Hegemony» (https://goo.gl/Oeh4dG).

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Foto: Siglo21

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