La gran división evangélica en Guatemala

La gran división evangélica en Guatemala

La exuberancia de la corrupción en Guatemala, que ya ha derribado a un presidente y su vicepresidenta, docenas de políticos/as y varios empresarios del Cacif, amenaza hoy con hundir al más extravangate, exhibicionista y popular de los pastores neo-pentecostales del país. Una investigación cuidadosa hecha por Univisión, titulada “Los Magnates de Dios” (ver https://www.univision.com/especiales/noticias/2018/magnates-de-dios-iglesias-en-latinoamerica-y-estado-unidos-lavado-de-activos-fraude-abusos/), ha implicado al pastor de la “Casa de Dios” Carlos “Cash Luna en un sucio y descarado caso de corrupción y complicidad con la narcotráficante Marllory Chacón, condenada en EE.UU. por narcotráfico. En respuesta a esto, una red progresista de iglesias y organizaciones en Guatemala emitió un comunidado el 6 de diciembre de 2018 haciendo un claro llamado a rendir cuentas y a “contribuir a una Guatemala sin corrupción ni impunidad” e invitando a Cash Luna “a ponerse a disposición de las autoridades correspondientes, facilitando la información y colaboración para que se realicen las investigaciones que de ley procedan” (ver https://www.facebook.com/marcovfonseca/posts/1059471394238203). También en respuesta al documental de Univisión y a muchos reportajes de prensa y reacciones en redes sociales, otro grupo de religiosos/as y organizaciones evangélicas en Guatemala asistió el 9 de diciembre al servicio dominical en Casa de Dios para “orar” y expresar solidaridad con Luna y con las 12 mil gentes que atienden esa suntuosa y espectacular iglesia y presencian asombradamente sus actuaciones, simultáneamente banales, fascinantes y sentimentalistas, con regularidad. Estas distintas reacciones evangélicas ante el caso de Luna revelan, también, una división realmente existente dentro del protestantismo en Guatemala.

Por un lado está el “protestantismo no reformado”, es decir, un evangelismo religioso fundamentalista y profundamente conservador que proviene de Estados Unidos y que confunde (sistemática y comúnmente) todos los valores del conservadurismo político y cultural de las sociedades occidentales – incluyendo a sus antiguas colonias en Latinoamérica y el Caribe – con “valores cristianos”. Esta forma de evangelismo no reformado está representado en Guatemala por esas organizaciones que llegaron a la “Casa de Dios” a darle apoyo a Carlos Luna y que incluye a: Alianza Evangélica, Presbiterio (parte del Movimiento Misionero Mundial o MMM, originado en Puerto Rico y expandido al resto de EE.UU. y luego Latinoamérica  incluyendo a Guatemala), Asociación de Ministros Evangélicos y Consejo Apostólico. Este es el evangelismo al que se suscriben tanto militares genocidas y fascistas como políticos/as corruptos/as y miembros/as de las familias más poderosas y ricas del país. Este es el “evangelismo de la prosperidad” de Luna. Este es el evangelismo al que pertenece la mayoría de los “40 mil templos evangélicos en Guatemala”, activos en “250 municipios del país”, lo que equivale a unas “96 iglesias evangélicas por cada parroquia católica del país.”

En país de enorme pobreza y miseria, analfabetismo e inseguridad social, humildad y mucha exclusión como es Guatemala, este tipo de protestantismo no reformado y su pastoral tradicionalista y conservadora encuentra campo fértil y fecundo para un mensaje que mezcla, en base a interpretaciones literalistas de la biblia (es decir, la creencia poco bíblica, incluso idolátrica, de que “la Biblia es enteramente la Palabra de Dios”) los siguientes elementos: la culpa, el arrepentimiento y la salvación personal/individual (algunas iglesias predicando incluso la doctrina dura de la predestinación de “los escogidos” pero insistiendo al mismo tiempo y con toda suavidad en la necesidad del arrepentimiento, conversión y bautismo de todo mundo!), los dones espirituales (incluyendo el don de lenguas, lenguas que ningún traductor de las Naciones Unidas podría entender a pesar de que Hechos 2:1-11 dice claramente que eran bien inteligibles: “¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye en su propia lengua?”), los milagros y las grandes maravillas de Dios, el “bautismo del Espíritu Santo”, el sentimentalismo de telenovelas, la psicología popular, los/as profetas y apóstoles de los últimos tiempos y, por supuesto, la “multiplicación de tacos y enchiladas” con la que Luna explica la “milagrosa” construcción de su templo de $40 millones de dólares. Con la mezcla de todos estos elementos en templos llenos de pantallas brillantes y de alta definición en sus trasfondos, música electrónica y alto parlantes de alta fidelidad, himnos rocanroleros y oraciones a todo pulmón, celebraciones y fiestas que marcan el calendario anual de fechas importantes para el neo-pentecostalismo, el espectáculo evangélico se completa y se vuelve en un simulacro terrenal de la salvación celestial. Es este gran espectáculo el que tiene que ser financiado, en su mayoría, con diezmos y las ofrendas que viene de mucha gente humilde, pobre y sencilla.

Este es el evangelismo organizado en por lo menos tres redes que constituyen las principales denominaciones evangélicas en el país. Virgilio Zapata divide estas tres redes del siguiente modo.

Primero, la red “conservadora-histórica” que incluye a iglesias bautistas, presbitarianas, centroamericanas y metodistas. De acuerdo a Virgilio Zapata, todas estas iglesias “han mantenido su doctrina Bíblica fundamental, y ella NO ha cambiado en un siglo”. Pero en tiempos recientes “jóvenes y profesionales universitarios con sus familias, han trasladado su membresía y actividad de esas iglesias históricas‐conservadoras, hacia iglesias neo‐pentecostales.”

Segundo, las iglesias pentecostales que incluyen “las iglesias de las Asambleas de Dios y de la Iglesia de Dios Evangelio Completo, ambos movimientos internacionales procedentes de EE.UU.” También incluye a las iglesias del “Principe de Paz” y de la Misión Centroamericana. “En estas iglesias se mantiene un culto poco cambiable” aunque “con ciertas nuevas pautas en la adoración y en su organización” sobre todo de tipo técnico y arquitectónico.

Y, tercero, la iglesias neo-pentecostales. Se trata de “un movimiento que ha sucedido al pentecostalismo clásico de principios del siglo XX y al movimiento carismático que nace en muchas iglesias en los años 60 y 70” (ver http://neopentecostales.blogspot.com/). También “se trata de un énfasis en experiencias de poder espiritual que vienen de la mano de ciertos ungidos”.  “Estas iglesias o asociaciones neo‐pentecostales han aceptado el más reciente énfasis Apostólico, en cuya doctrina establece para esta edad contemporánea, el ordenamiento de Apóstoles, Profetas, Evangelistas, Pastores y Maestros.” Además, “algunas iglesias individuales con este énfasis se han multiplicado y convertido en Asociaciones bastante numerosas, por ejemplo, ̈Lluvias de Gracia ̈, Verbo [producto de Gospel Outreach de California, iniciando después del terremoto de 1976 en la Colonia Carolingia], Elim (en sus variadas divisiones), algunas sobresaliendo por su crecimiento sorprendente (como “Casa de Dios”, “Eben Ezer” [y la Frater de Jorge H. López]).” (Fuente: http://www.centroesdras.org/…/Presencia-del-Protestantismo-…). El ministerio Elim, en efecto, fue iniciado en 1963 por Otoniel Rios Paredes (1927-1998), uno de los primero líderes evangélicos neo-pentecostales en Guatemala en ser también declarado un “Apóstol” de la iglesia. Para el año 1980 Elim ya contaba con 69 iglesias y decenas de “puntos de contacto” incluyendo a más de 20,000 miembros/as en todo el país. Para no quedarse atrás, en 1983 Harold Caballeros abre su propia iglesia, El Shaddai, y muy pronto se convierte en el primer “Apóstol Internacional” de Guatemala.

Dentro de esta tercera red neo-pentecostal no reformada es que encontramos a Luna y su mensaje pastoral banal, comercializado y fetichista, una pésima conjugación de información arrancada de fuentes dispares sobre lo que es supuestamente ser cristiano/a y ser parte de una comunidad eclesial. Su “Casa de Dios” fue fundada, junto a su esposa Sonia Luna, en 1994. Sus enseñanzas se centran en una mezcla de banalidad y literalismo bíblico que conjuga un sistema moral basado en “las promesas de Dios”, “la fe, la esperanza, la integridad”, el honor y los valores familiares. Estos valores incluyen el reconocimiento del patriarcado y la heterosexualidad familiar (Efesios 6:2), el respeto a la autoridad constituida y las jerarquías sociales (Romanos 13:1), el respeto al “derecho ajeno” o propiedad (Josué 21:12, Hechos 5:1), el “agradecimiento” por lo recibido y promesa de retorno (Filipenses 4:6), la honradez (Levítico 19:3, aunque olvidando lo de no oprimir al prójico, robarle el justo salario o ganar intereses del mismo), la “verguenza” que cubre la “desnudez” (Ezequiel 16:8), etc. Como lo pone otro comentarista, sin embargo, este enjambre de valores y principios del neo-pentecostalismo en general y el de Luna en particular tiene muy poco de realmetne cristiano (en el sentido nuevo-testamentario o reformado de esto) y es más bien “una expresión cristianizada de la metafísica que se originó en el siglo XIX” (ver http://neopentecostales.blogspot.com/). En Guatemala, además, todo esto se mezcla con supersticiones y valores profundamente conservadores nacidos de mucha ignorancia (incluyendo enorme ignornacia bíblica o teológica), años de retraso educacional, décadas de guerra y subdesarrollo, mucha oscuridad cultural. Esta mezcla explosiva y heterogénea de conservadurismo y metafísica banal también convierte al mismo Jesús de Nazareth y su evangelio profético, crítico y de justicia social en un poder esencialmente mágico y fetichizado, un ídolo con el que se pueden establecer relaciones de intercambio comercial, siempre y cuando se asista a la iglesia “con la chequera”. De ahí también que la experiencia del “bautismo del Espíritu Santo” casi no se distingue en nada de la experiencia de posesión espiritual en prácticas estereotípicas de voodoo o de espiritismo pagano. Ese entendimiento esencialmente anti-bíblico se resume en el principio fundamental que guía a Luna y su Casa de Dios: “A mí me enseñó un apóstol, me dijo, ‘Cash’ a la iglesia uno siempre lleva dos cosas, biblia y chequera, la biblia para que aprendas lo que Dios te va a decir, y la chequera para que lo adores”.

Que no quepa la menor duda, sin embargo, de que el protestantismo no reformado en Guatemala surge y responde a una experiencia humana de hambre material y espiritual que décadas de conflicto armado interno y de fallos rotundos en desarrollo social, político y económico, de crisis de Estado y de significado, de péridida de certidumbre en tiempos de crisis global y climática han acentuado y llevado a extremos apocalípticos. La gente pobre y sencilla que, en su mayoría, forma parte de estas muchas iglesias humildes naturalmente que ve “señales” y “signos” en los tiempos que muchos/as líderes evangélicos neo-pentecostales interpretan como mensajes divinos, como cumplimiento de profesías y como llamados al arrepentimiento y una conversión radical que implica extraerse “de este mundo” de pecado y transgresión. Pero mientras que muchos/as de estos líderes se enriquecen, las mayorías se empobrecen más material y espiritualmente.

Completamente por otro lado está el cristianismo evangélico que proviene de la Reforma protestante y que en Guatemala incluye a organizaciones como la Iglesia Episcopal de Guatemala, la Iglesia Luterana Guatemalteca, la Alianza de Presbíteros Reformados de Guatemala, la Iglesia San Juan Apóstol, organizaciones como Cedepca y otras. Estas son organizaciones e iglesias que se declaran abiertamente como herederas de la Reforma Protestante pero que, en muchos casos, también han evolucionado y han sido parte de movimientos renovadores de la teología, cristología, eclesiología y hermeneutica represetandos, por ejemplo, por el pensamiento de la teología dialéctica (Karl Barth), la teología liberal (Jürgen Moltmann) y, más recientemente, la teología de la liberación (Gustavo Gutiérrez, Leonardo Boff, etc.). Estas son organizaciones e iglesias muy progresistas, críticas de “los poderes de este mundo” y de los valores fetichistas e idolátricos de la riqueza, la prosperidad material, el egoísmo individualista y el espectáculo cultural de la modernidad decadente. Estas iglesias y organizaciones enfatizan la justicia para los/as pobres y el compromiso con su liberación, tal y como ocurrió en la historia del éxodo judío en Egipto. Este no es el evangelismo de la gente rica y poderosa en Guatemala. Esta no es la “comunidad evangélica” que apoya a Luna.

El gobierno de Jimmy Morales y el “Pacto de corruptos” en Guatemala no es ajeno a la división fundamental dentro del protestantismo en Guatemala. Su gobierno de restauración conservadora ha hecho esfuerzos por acercarse y congraciarse con el protestantismo no reformado, fundamentalista y conservador, ofreciendo un “día nacional de oración”, mantener el modelo familiar patriarcal y heterosexual, prevenir legislación para legalizar el aborto, etc. A cambio de todo esto, el protestantismo no reformado se ha volcado a favor del gobierno de Morales con manifestaciones, días de oración, expresiones de apoyo institucional y, por supuesto, profecías que incluyen apoyo divino y castigo eterno para sus enemigos y detractores. Así es como el protestantismo no reformado en Guatemala es parte de las trincheras civiles-religiosas del poder elitista y profundamente conservador que mantiene al país sumido en la oscuridad, la inseguridad y la desesperanza.

 

Vamos Guatemala hacia la #RefundaciónYa desde abajo, democrática y rupturista

Marco Fonseca es Doctor en Filosofía Política y Estudios Latinoamericanos por parte de la York University. Actualmente es instructor en el Departamento de Estudios Internacionales de Glendon College, York University. Su libro más reciente se titula «Gramsci’s Critique of Civil Society. Towards a New Concept of Hegemony» (https://goo.gl/Oeh4dG).

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Imagen: Casa de Dios/Soy502

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