Gramajo, Ortíz y el Norte Académico

Héctor Alejandro Gramajo Morales, general del Ejército de Guatemala y arquitecto del programa contrainsurgente “frijoles y fusiles” bajo la dictadura genocida de Efraín Ríos Montt a principios de los 1980s, llegó a ser ampliamente considerado como un militar “progresista” y, cuando yo ya era estudiante en la York University en Toronto a fines de esa década, recuerdo que una de sus más fervientes admiradoras en el mundo académico canadiense era la profesora de Ciencias Políticas Liisa North. Ella, como mucha otra gente académica interesada en “procesos de paz” y “transiciones democráticas”, creía que Gramajo representaba la “línea institucional” de las Fuerzas Armadas (opuesta a la línea golpista, facciosa y más contrainsurgente del Ejército) y que era, por tanto, un buen cuadro político para Vinicio Cerezo en la etapa más temprana de la “transición a la democracia”. Obvio, el apoyo político de Gramajo al proceso de Contadora y luego al de Esquipulas, procesos que sentaron las bases de las negociaciones de paz en Guatemala, ayudó a cimentar sus credenciales “institucionalistas”, si es que no “democráticas”. Muchas de estas experiencias y otras Gramajo mismo las dejó descritas en su libro “De la guerra… a la guerra. La difícil transición política en Guatemala” (Guatemala, Fondo de Cultura Editorial, 1985). Lo que Gramajo no describió en su libro de 1985 y lo que tampoco confesó en su comparecencia en calidad de “perito” ante el Tribunal Tercero de Sentencia Penal sobre su conocimiento de las interioridades del conflicto armado interno en 2002, pero que quedó legalmente establecido en 1995 fueron todos los esqueletos que Gramajo había dejados guardados en el armario de su memoria, así como el rastro de atrocidades y torturas que lo habían llevado a la cima del poder militar “institucional” y lo llevaron al centro de la “transición democrática” en Guatemala.

En 1995, como lo señala Prensa Comunitaria:

“una corte federal en Estados Unidos resolvió la responsabilidad del general Héctor Gramajo, exministro de Defensa de Guatemala, por el asesinato, tortura y desaparición de nueve guatemaltecos y la violación y tortura de la monja estadounidense Diana Ortiz. La corte ordenó a Gramajo pagar 47,5 millones de dólares como indemnización por los daños, a las víctimas” (https://www.prensacomunitaria.org/2021/02/muere-en-estados-unidos-la-hermana-dianna-ortiz/).

Una de las víctimas de la campaña de atrocidades de Gramajo fue la monja católica ursulina de Estados Unidos, Dianna Ortiz, cuyo fallecimiento fue anunciado este 20 de febrero de 2021. De acuerdo con el mismo reporte de Prensa Comunitaria, la hermana Ortiz

“denunció que fue secuestrada y detenida en un centro clandestino, en donde fue torturada por el ejército de Guatemala en noviembre de 1989, de quienes logró escapar. Ella denunció esto ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, quien dio su opinión afirmando que “los actos en el caso de la Hermana Ortiz fueron perpetrados por agentes del Gobierno de Guatemala, que actuaban al amparo de su capacidad oficial.”

La rendición de cuentas a veces llega tarde, pero llega. Gramajo se graduó de la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de la Universidad de Harvard en Cambridge, Massachusetts. Según relatos de prensa:

“en su ceremonia de graduación el 6 de junio de 1991, activistas de derechos humanos le entregaron documentos judiciales para una demanda civil federal multimillonaria. El Centro de Derechos Constitucionales (CCR) demandó a Gramajo en virtud de la Ley de Reclamaciones por Agravios contra Extranjeros en nombre de nueve guatemaltecos por actos de tortura, secuestro y asesinato en el marco de su programa de “pacificación” en el altiplano occidental de Guatemala en 1982, cuando era jefe de Estado Mayor del Ejército.” (https://www.indybay.org/newsitems/2004/03/16/16736761.php, traducción propia).

Una semana después de que Gramajo se graduó de Harvard, el CCR presentó “una segunda demanda en su contra en el mismo tribunal en nombre de la monja estadounidense Dianna Ortiz, quien fue secuestrada y torturada por el ejército guatemalteco en noviembre de 1989.” Aunque “no respondió a las solicitudes de información básica del tribunal” de todos modos Gramajo perdió ambas demandas el 7 de noviembre de 1991 (ibid). Y aunque Gramajo no murió en prisión como debía haber sido, la naturaleza se encargó de hacer justicia cuando murió el 12 de marzo de 2004 en un hospital de Guatemala después de haber sido atacado por “avispas africanizadas” en su propia finca.

Una de las figuras académicas centrales en el Programa de Estudios Latinoamericanos y el Centro para la Investigación sobre Latinoamérica y el Caribe (CERLAC) de York University ya a fines de los 1980s, de hecho una figura central de esa diminuta comunidad de “expertas/os” sobre el tema en toda Canadá en esos años y de cuyo apoyo, beneplácito y últimadamente una recomendación dependíamos todos/as quienes estábamos haciendo estudios sobre Guatemala y Latinoamérica en ese momento, fue precisamente Liisa North. Quienes contaban con el patrocinio de esta académica influyente bien podían resultar (y de hecho varias gentes resultaron) con trabajo permanente (un muy codiciado nombramiento “tenure-track” en alguna universidad del país) y quienes no bien sabían que pasarían a engrosar las filas del trabajo académico precario y marginal. Ah, ¡cuántas vidas académicas han sido hechas y deshechas de este modo en Canadá! En cualquier caso, como ya fue indicado, en sus clases sobre economía política latinoamericana y en sus talleres y conferencias sobre el tema organizados adentro o afuera de York University justo cuando la hermana Ortíz estaba haciendo sus denuncias públicas contra Gramajo, North no perdía la oportunidad de celebrar lo que públicamente representaba Gramajo para la supuesta “transición democrática” en Guatemala, aún a pesar de saber por boca de sus muy íntimos contactos con miembros de la comunidad guatemalteca de militantes revolucionarios exilados en Toronto, que Gramajo tenía las manos ensangrentadas por tanta atrocidad que él mismo había ordenado o implementado en el contexto del conflicto armado interno y una de cuyas consecuencias había sido la tortura de la hermana Ortiz. Lamentable que no hay tal cosa como una justicia académica.


Marco Fonseca es Doctor en Filosofía Política y Estudios Latinoamericanos por parte de la York University. Actualmente es instructor en el Departamento de Estudios Internacionales de Glendon College, York University. Su libro más reciente se titula «Gramsci’s Critique of Civil Society. Towards a New Concept of Hegemony» (https://goo.gl/Oeh4dG).

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Imagen (cropped): NYT

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