Althusser, «la reproducción de las condiciones de producción» y la crítica de la ideología y los aparatos ideológicos del Estado

Cuando el proceso hegemónico funciona como debe y desaparece – por eso es que es un proceso evanescente – es porque ha sido capaz de generar un consenso moral universalista que se nutre tanto de las ideas dominantes como de las ideas de los/as dominados. El momento del consenso universalista no es, por lo tanto, el momento del máximo autoengaño ideológico de las masas subalternas porque el auto-engaño «puede ser una explicación satisfactoria para

algunos individuos tomados aisladamente, o incluso para grupos más o menos numerosos, pero no es satisfactoria cuando el contraste se verifica en la manifestación de vida de grandes masas: entonces aquel no puede dejar de ser la expresión de contrastes más profundos de orden histórico social (Gramsci, 1986, p. 248 Q11 §12). Plantear el problema del proceso hegemónico y el punto de su máxima eficacia de este modo implica revisitar, aunque sea de manera muy breve, la noción althusseriana de «la reproducción de las condiciones de producción» en su famoso ensayo Ideología y aparatos ideológicos del Estado (publicado originalmente en 1970). Aquí también encontramos una elaboración del prólogo de 1859 que contribuye elementos esclarecedores para un entendimiento crítico de las contradicciones al interior del todo social o bloque histórico que la hegemonía trata de suturar y normalizar. Podemos resumir esta particular contribución Althusseriana en tres pasos.

Primero, partiendo de una noción del «todo social», Althusser nos dice: «La metáfora del edificio tiene, entonces, por objeto representar, antes que otra cosa, el hecho de “la determinación en última instancia” por la base económica. Esta metáfora espacial afecta, pues, la base, con un índice de eficacia conocido por los famosos términos: lo que acontece en la base económica determina en última instancia lo que acontece en los “pisos” (de la superestructura).» (Althusser, 2005, p. 109). Según Althusser, esta comprensión del todo social implica dos cosas: «1] hay una “autonomía relativa” de la superestructura respecto a la base; 2] hay una “acción de retorno” de la superestructura sobre la base.» Es muy importante no olvidar el segundo punto: hay una acción de retorno, un rebote o un contragolpe, de la superestructura sobre la base pues este es un punto que, en las lecturas corrientes, pero más influyentes sobre Althusser que enfatizan la «autonomía relativa» del Estado y la «determinación en última instancia» de la economía, tiende a olvidarse.

Segundo, para Althusser, la descripción de la totalidad social arriba resumida es todavía insuficiente y requiere avanzar la discusión sobre todo en lo que concierne al Estado. Es cierto, escribe el filósofo francés, que «la definición del Estado como Estado de clase que existe en el aparato represivo del Estado, aclara de modo fulgurante todos los hechos observables en los distintos órdenes de la represión cualesquiera que sean los dominios en que se ejerce esa represión», pero «para hacer progresar la teoría del Estado es indispensable tener en cuenta no sólo la distinción entre poder de Estado y aparato de Estado, sino también otra realidad que se manifiesta junto al aparato (represivo) de Estado, pero que no se confunde con él. Llamaremos a esa realidad por su concepto: los aparatos ideológicos de Estado.» Lo crucial de esto, para Althusser, es que «podemos comprobar que si bien el aparato (represivo) del Estado, unificado, pertenece por entero al dominio público, la mayor parte de los aparatos ideológicos del Estado (en su aparente dispersión) pertenecen, por el contrario, al dominio privado. Son entidades privadas las iglesias, los partidos, los sindicatos, la familia, algunas escuelas, la mayoría de los periódicos, las empresas culturales, etcétera.» (Althusser, 2005, p. 116). En esta ampliación de la concepción del Estado «unificado» con los «aparatos ideológicos» dispersos de la sociedad civil, Althusser en efecto sigue el trabajo de Gramsci para quien «La distinción entre lo público y lo privado es una distinción propia del derecho burgués, y es válida en los dominios (subordinados) en los cuales el derecho burgués ejerce su poder.» (ver también Gramsci, 1999c, p. 25 Q13 §11). Para Althusser, sin embargo, «los aparatos ideológicos del Estado funcionan de manera preponderantemente ideológica» y, contrario al aparato estatal propiamente dicho, solo secundariamente de modo represivo. Por ejemplo, «Las iglesias y las escuelas “educan” con métodos apropiados y con sanciones, exclusiones, selecciones, etc.» Lo mismo se puede decir de la familia, la prensa y las organizaciones sociales (sindicatos, confederaciones campesinas, centros de investigación, etc.) y culturales (grupos musicales y teatrales, museos, etc.) donde se ejercen varias combinaciones de consenso/coerción. La ideología aquí no puede entenderse simplemente como «puro ensueño» o ilusión. Al contrario, es una fuerza que, con la mediación de las organizaciones privadas y dispersas de la sociedad civil, «interpela a los individuos en cuanto sujetos» o, en otras palabras, los convierte en sujetos por medio de la respuesta positiva a sus normas disciplinarias de funcionamiento asumidas como resultado de una aparente elección libre (Althusser, 2005, p. 138). Por muy dispersos y descentralizados que puedan estar los aparatos ideológicos del Estado, para Althusser «la ideología según la cual funcionan está siempre, de hecho, unificada – a pesar de sus contradicciones y diversidad – bajo la ideología dominante, que es la de “la clase dominante”.» (Althusser, 2005, p. 118).

Tercero, Althusser deja claro que «ninguna clase puede detentar durablemente el poder del Estado sin ejercer al mismo tiempo su hegemonía sobre y en los aparatos ideológicos del Estado» que definen a la sociedad civil. La conclusión a la que llega Althusser, siguiendo a Lenin y Gramsci, es por tanto que «los aparatos ideológicos del Estado pueden no sólo ser la piedra de toque, sino también el lugar de la lucha de clases y, a menudo, de formas encarnizadas de la lucha de clases.» Pues es en la sociedad civil donde no solo se pueden encontrar todavía las viejas clases dominantes conservando posiciones fuertes, sino que, también, «la resistencia de las clases explotadas puede encontrar allí medios y ocasiones de expresarse, sea utilizando las contradicciones que allí existen, sea conquistando por la lucha posiciones de combate en los aparatos ideológicos del Estado.» (Althusser, 2005, p. 119). Aunque Althusser concluye, siguiendo su lógica de arriba, que la «reproducción de las relaciones de producción» solo se puede asegurar por «la superestructura jurídico-política e ideológica», un punto que queda frecuentemente olvidado en las discusiones sobre Althusser en Latinoamérica, es solo hasta aquí donde el gran marxista francés sigue los pasos de Gramsci.

La interpretación althusseriana de la sociedad civil como un conjunto disperso y privado de «aparatos ideológicos del Estado», el sitio por excelencia donde se reproducen las relaciones de producción por medios ideológicos, el lugar donde se construye la subjetividad ciudadana, es un avance en el pensamiento crítico marxista de la segunda mitad del siglo veinte.

Extracto de mi ensayo Hegemonía, ruptura y Refundación: Crisis del Estado ampliado.

Publicado en conmemoración del nacimiento de Louis Althusser el 16 de octubre de 1918.

Marco Fonseca es Doctor en Filosofía Política y Estudios Latinoamericanos por parte de la York University. Actualmente es instructor en el Departamento de Estudios Internacionales de Glendon College, York University. Su libro más reciente se titula «Gramsci’s Critique of Civil Society. Towards a New Concept of Hegemony» (https://goo.gl/Oeh4dG).

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